| Mientras
tanto, el ferrocarril llega a
Bilbao y la Villa refuerza su
importancia como centro económico
y financiero. Aparecen el Banco
de Bilbao y el Banco de Bizkaia
y, a finales de siglo, la Bolsa.
La
transformación de la
ciudad y su entorno fue radical.
A la expansión económica
le siguió la urbanística.
Es en este siglo cuando se emprenden
algunos de los mayores proyectos
de la Villa y se levantan muchos
de sus edificios más
representativos. Bilbao crece
hacia la zona de Abando y inicia
su primer proyecto de ensanche.
Se crean alamedas, calles rectilíneas
y paseos y su renovada arquitectura
da paso al Bilbao moderno. La
Plaza Nueva, el actual Ayuntamiento
o el Teatro Arriaga, inspirado
en la Ópera de París,
son algunos de sus nuevos símbolos.
A comienzos de siglo XX, Bilbao
es la gran referencia económica
del País Vasco y una
de las más importantes
del Estado. Su crecimiento espectacular,
acompañado de un importante
desarrollo cultural, sólo
se verá interrumpido
con la Guerra Civil (1936-1939),
pero después la ciudad
retomará su capacidad
de creación de riqueza,
convirtiéndose en un
gran polo de atracción
para muchos inmigrantes que
llegaban a trabajar en la floreciente
industria bilbaína. El
paisaje urbano e industrial
de la Villa volvería
a modificarse para afrontar
su acelerada expansión,
que desbordó a la ciudad
y se extendió por los
municipios vecinos, en ambas
márgenes de la ría
del Nervión, constituyendo
el actual Gran Bilbao.
Sin
embargo, tras su
auge económico, a finales
del siglo XX la industria siderúrgica
entra en una profunda crisis
que obliga a la ciudad a repensar
los fundamentos de su desarrollo
económico. En pocos años
la Villa y los municipios de
su entorno se verán obligados
a afrontar la difícil
reconversión industrial
y a gestionar sus consecuencias
negativas.
Después
de años de incertidumbre
económica, Bilbao recupera
su dinamismo al convertirse
en una ciudad de servicios,
volcada en su regeneración
medioambiental y urbana. Liberada
de los antiguos terrenos industriales,
la Villa afronta una nueva transformación
espacial, que la ha convertido
en una ciudad cada vez más
atractiva para sus visitantes.
El impresionante Museo Guggenheim
o el Palacio Euskalduna de Congresos
y de la Música se han
convertido en los grandes referentes
de la nueva vocación
de Bilbao, que continúa
recuperando numerosos espacios
para el disfrute de los ciudadanos.
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